El paro español está llegando a límites insospechados, está a la cabeza de Europa (sí, hemos vuelto a superar a Grecia, Portugal, Italia y todo el que se nos ponga por delante): hemos llegado a la escalofriante cifra de 6.000.000 de parados en un país de 47.000.000 de habitantes (aproximado, que yo no sé las decenas de miles), lo que viene a ser el 27,16% de la población activa. Esto significa que, aproximadamente, algo más de 1 de cada 4 personas con capacidad de trabajar y cotizar para levantar el país no lo está haciendo y, por el contrario, algo más de la mitad de ellas está cobrando algún tipo de subsidio (hay unas dos millones de personas que no lo cobran, lo que significa que cuatro millones están cobrando de lo que trabaja el 72,84% de población activa).
Si nos centramos en los más desfavorecidos, los dos millones (aproximado, siempre) que no recibe dinero del Gobierno ni tiene trabajo, ¿cómo viven? En la más humilde pobreza, sí, pero ¿en la calle? En los últimos 2-4 años el número de personas desahuciadas ronda el millón y pico de personas. De todas estas, se ignoran cuántas han vuelto a casa de sus padres, cuántas están viviendo de la caridad de Cáritas y otras organizaciones, cuántas han decidido “okupar” otros pisos vacíos (o incluso el suyo propio) y cuántas (las menos) se han visto abocadas a vivir en la dura calle. Tampoco conozco cifras exactas, pero seguro que Cáritas y otras ONG mueven parte de ellas, el número de personas que se han visto obligadas a depender de comedores sociales (aproximadamente un millón de personas depende de Cáritas, la ONG de la Iglesia Católica española). Además, los colegios públicos han ido creando una campaña extendida por el país para dar de comer gratis a todos aquellos niños que, de otro modo, no tendrían para comer. Y también hay personas que rebuscan en la basura, aunque dudo que sea para comer, también los habrá. Esta es la cara más amarga y más dura de una crisis que ha sumido a España en unos límites de pobreza desconocidos desde hace décadas.
Sin embargo, hay otras versiones de las cifras de parados. Un país con 6 millones de parados de verdad dudo que se sostuviera como se sostiene España, sinceramente. Desconozco cifras, nuevamente, pero dentro de esos 6 millones de parados la mayoría está cobrando subsidios y ayudas para sobrevivir, y los que no lo cobran del Gobierno lo cobran de las ONG, tienen oportunidades de comida y alojamiento mucho más baratos (si no, no sería posible vivir con unos 500 euros como mucho) y también tienen acceso a formación y prácticas gratuitas que, nunca se sabe, se dice que pueden conducir a una oportunidad laboral (aunque rara vez llega).

La otra versión de parados es la de todos aquellos que, aún estando declarados como dados de alta en las oficinas de desempleo (el INEM), en realidad están trabajando en negro o, en el supuesto más legal, con unas prácticas que no dan derecho a cotizar (los estudiantes). Insisto en lo de desconocer cifras, pero conociendo como conozco la picaresca española (qué gran invento de palabra el del creador de Lazarillo de Tormes, “picaresca”, y cuán aplicable y único en nuestro país), haría una aproximación de que, de 6 millones de parados, aproximadamente la mitad está trabajando sin declarar, tenga subsidio o no. Y, es más, algunos (¿cientos? ¿miles?) de ellos son emigrantes que están trabajando y cobrando bien en otro país (de la Unión Europea o de donde sea) mientras siguen dados de alta en el paro español.
Lo dice una que lleva desempleada desde hace mucho y no ha tenido oportunidad de cotizar en su país todavía, y sin embargo nunca para quieta y sí, aunque poquísimo, algo llega a cobrar algún que otro mes, y conoce a muchos que cobran bastante mejor sin cotizar y dados de alta en el paro. Es la corrupción y la picaresca española, lo que conversaban estos dos amigos, los listos del país son aquellos que están dados de alta en el desempleo para cobrar subsidio mientras siguen trabajando porque así se llevan más dinero o, más bien, porque sus jefes no les quieren dar de alta para ahorrarse el dinero (que la gente en realidad está desesperada por cotizar desde que dijeron eso de cotizar 35 años y jubilarse a los 67).
Hay mil maneras de engañar al Estado, muy especialmente si no haces Declaración de la Renta porque nunca has llegado a cobrar el mínimo de 22.000 euros al año (se puede vivir con 12.000 euros en este país, y además la gente no declara la mitad de lo que gana porque hay maneras de cobrar en negro o por partes) y decides no darte de alta de autónomo por cada 100 o 200 euros que cobres porque estarías pagando más dinero del que cobras (aunque los menores de 30 solo pagan 50 euros los seis primeros meses si se dan de alta de autónomos por primera vez). Ya puse en otro post que una de las frases clave de este país es “hecha la ley, hecha la trampa”, y sí, esto no solo se aplica a los políticos, también a la calle. Los listos siempre encontrarán la manera de escaquearse, y es muy fácil ser listo, sobre todo porque con las medidas austeras del Gobierno es la única manera de cobrar algo y no perder dinero y lanzarse a la quiebra absoluta y la pobreza.
Pero no, de esos seis millones de parados les prometo que la gran mayoría no está en su casa echando currículum y sentado en el sofá esperando que lo llamen. Seguro que la mitad está dando el callo trabajando varias horas todos los días o estudiando sin ver un duro, pero tiene lo suficiente (o vive en casa de sus padres, con gastos mínimos) para llegar a final de mes. Justito, pero se llega. Porque si de veras tuviéramos a seis millones de personas sin hacer absolutamente nada, este país se iría a la mierda.
No: una mayoría de estos parados sigue formándose y trabajando, aunque no quede registrado en ningún lugar más que en el currículum, y muchos de ellos sale al extranjero a buscar trabajo. Esa es la realidad: no la de 6 millones de personas muertas de risa en casa esperando que un día salga el trabajo de su vida. ¿Parados? ¿En sentido literal? Nunca… Más vale inventar mil cosas, pero yo no podré estarme quieta nunca, y no, tampoco soy de las que sale a manifestarme a la calle y luego se pasa los días en el sofá: prefiero moverme, trabajar de lo que sea aunque cobre poco, formarme, conocer gente y no parar. Porque parado no tiene sentido literal.