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La vida pasa, pasa la vida

Mi reflexión nocturna (siempre son nocturnas, así luego cada día me levanto más tarde), es la típica profunda de la vida. Copiaré la frase de Flaubert que se puso una chica en Facebook hace unos días: “El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente”. Le dije a la chica: “Pues tiene arreglo. Para el reloj”. Ya veis qué fácil, ¿no? En cualquier caso, hoy me parece que, simplemente, vemos la vida pasar… (como el post ese del tren), ese es nuestro presente, lo disfrutamos y saboreamos viéndolo pasar y gozando de cada segundo solo a ratos muy concretos. La mayor parte del tiempo andamos divagando en otras cosas, otros tiempos u otros mundos. Es cierto.

En cualquier caso, mi reflexión iba por otros derroteros (eso que acabo de poner es, probablemente, consecuencia nostálgica-melancólica de todas las fotos que acabo de ver deprisa y corriendo).

De todos modos, está relacionado en cierto modo. Está relacionado con el pasado, con el presente y con el futuro. Pero está más bien relacionado con la gente.
La gente que conocemos en la vida.
¿Cuántos cientos de personas llegamos a conocer en la vida? Entre clases, viajes, aventuras, amigos de, trabajos… ¿Con cuántas de esas personas mantenemos el contacto? ¿Cuántas siguen en nuestro presente y de qué modo? ¿Cuántas desaparecen o desaparecerán de nuestras vidas? Son tantas… Diríase que solo los buenos amigos permanecerán, pero no solo. Yo también diría que incluso los buenos amigos pueden cambiar, a lo mejor no tuve suerte, aún no conocí ni podré conocer a ninguno que me acompañe toda la vida, aunque a lo mejor puedo conocer algunos que me acompañarán durante una buena parte de ella… o no. Porque, ¿quién sabe?

Mi padre ha hecho una buena observación que comparto: nunca llegas a conocer a alguien totalmente. Porque, observo yo, las personas estamos en constante cambio. Todas. Hombre, a lo mejor si siempre hacemos la misma vida rutinaria, no, y llega un punto en que esa rutina llega (o no), pero, con tantas cosas que nos ocurren en esta vida, cambiamos, de una forma u otra, para el bien o para el mal de nuestras relaciones con los demás. Por eso, no hay que cerrarse a la idea de un amigo para siempre o un matrimonio eterno… Es increíble que piense así ahora, pero he cambiado muchísimo en los últimos años, no me reconozco y aún así sé que, en el fondo, sigo siendo la misma para muchas cosas, y una persona totalmente opuesta para otras. Y si esa soy yo… ¿qué puedo esperar de los demás?

Por tanto, concluyo que la vida fluye y está en constante cambio, y así las personas y sus relaciones. No podemos conocer nunca el futuro ni tampoco podemos cambiar el pasado, el resultado de nuestras decisiones. Lo hecho, hecho está. Solo nos queda una cosa por hacer: disfrutemos de este presente.

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